martes, 25 de septiembre de 2007

Ciencia, Tecnología y Adivinación

La ciencia nos ha permitido, a los seres humanos, ser cada vez más categóricos. Esta situación incluso sabe sopesar las silentes incertidumbres internas, nacidas de la insatisfacción existencial que el intelecto, siempre sobreestimado, no ha podido resolver (o bien ha generado, si se lo quiere ver como un paso que supera los tradicionales salvavidas de sentido, como la religión, el arte u otros). En este aspecto, la estadística es una ciencia a la que tenemos mucho que agradecer, ya que ha sido capaz, con el imponente sello de sus rigurosos métodos matemáticos, de validarnos una enormidad de asociaciones que en el mundo son posibles de hacer. Gracias a ella, actualmente se puede decir, por ejemplo, que existe una asociación significativa (esta es la palabrita clave de peso científico) entre caminar seis minutos más en el día y disminuir el riesgo de infelicidad o, haciendo uso de la nosología moderna, depresión.

Hoy en día, a través de los protocolos más estandarizados que regulan los estudios estadísticos, la disciplina de la adivinación ha encontrado su lugar en la ciencia. Podríamos mencionar muchos trabajos que se han realizado, con un extendido espacio muestral, y que han comprobado la existencia de asociaciones significativas (nótese la presencia de la palabrita) entre la predicción del futuro por medio de cartas, bolas de cristal, restos de café en el fondo de una taza donde ya se bebió su contenido, el iris, piedras tiradas al azar, quiromancia y otros; y el cumplimiento de éste.

Sin embargo, se le debe atribuir al avance de la tecnología, que la evolución de nuestros oráculos haya alcanzado un clímax en estos tiempos. Hoy no existe un mejor método para vaticinar lo que se nos viene, que la resonancia magnetica. Muchas escuelas de adivinación y la tradicional transmisión directa de los conocimientos adivinatorios de una generación a otra, incluyen el estudio de este tipo de imágenes en sus programas de formación. Si esto tuviese fines publicitarios, éste sería el momento de decir "no espere más" o de ocupar el desgastado "llame ya", porque es verdaderamente increíble cómo se han perfeccionado pitonisas, chamanes, brujas y demases gracias a la enriquecedora contribución que ha hecho la ciencia y la tecnología a su quehacer profético.

viernes, 17 de agosto de 2007

Los Seres De Dos Extremidades

A la querida persona que está leyendo, haga un esfuerzo, teniendo la cabeza en el lugar convencional, por poner su mano delante de sus ojos, con todos los dedos apuntando al piso. A continuación retraiga el pulgar, el anular y el meñique hacia la palma, dejando el índice y el dedo medio en la posición original, es decir, estirados. Finalmente, apoye la punta de esos dedos sobre una superficie (puede ser una mesa), de modo que el eje principal de ellos sea perpendicular al de la superficie (puede ser una mesa), teniendo la mediana libertad de no incurrir en la intransigencia de las líneas. En este momento, usted tiene ante su vista, un ser de dos extremidades.

Si es de su antojo, puede ejecutar lo mismo con la otra mano y hacer que sus, ahora, dos seres de dos extremidades interactúen entre sí, aunque sin pasar por alto, jamás, las leyes naturales que rigen la conducta de estos seres. Entre ellas podemos mencionar la incapacidad verbal a la que los seres de dos extremidades están sometidos. Para introducirlos en la experiencia de la comunicación, es preciso recurrir a una suerte de lenguaje kinestésico que, por otra parte, permite el contacto físico. Si las necesidades, insosteniblemente así lo exigen, se puede hacer uso de más dedos, a modo de extremidades transitorias. En este caso sólo esta permitido el uso del pulgar y el meñique, el anular no debiera desplegarse por ningún motivo, pues de ocurrir esto, no se estaría haciendo otra cosa que aniquilar la existencia del ser de dos extremidades. En lo que respecta a las habilidades motrices, existe la posibilidad de hacerlos saltar tanto sea posible y por un tiempo relativamente largo. Prohibidas estarían las curvas y suspensiones que dejen la sospecha de vuelo. Al desplazarse sobre una superficie (puede ser una mesa), tienen que hacerlo a través de pasos, los cuales, supongo, no es necesario explicar en detalle, dada la naturaleza estructural que los define. Si bien es admisible que ellos se deslicen, esto no puede ocurrir sin un mínimo de dos pasos previos, sobre la misma u otra superficie (puede ser una mesa).

Sin duda existen dos circunstancias que son las más complejas en la vida y pasión de los seres de dos extremidades. Una de ellas, la menos, es cuando deben interactuar con otros seres de dos extremidades, cuyo tutor no es uno mismo, pues ambos tutores (en caso de ser dos) deben concertar en la renuncia a la idiomática tradicional, entregándose a las leyes ya explicadas. La segunda, surgida como evento emergente de la primera, es la aparición y desarrollo de los sentimientos propios de los seres de dos extremidades, cuyas diferencias respecto de los nuestros, los humanos, francamente no existen.

Show de Variedades




















El Viaje (cuento infantil)

Kulschynski vivía solo cerca del bosque. Un domingo, harto del tedio y la soledad, salió de su pequeña casa y se quedó parado mirando el cielo. Dejó pasar el tiempo que creyó suficiente, se sacó su camisa y se agachó como en cuclillas. Primero se concentró calmadamente, pero después empezó a hacer una fuerza intensa que nacía de su estómago y proyectaba hacia su espalda. Fue tanta que ¡pump!: le brotaron, así de repentísimo, un pequeño par de alitas blancas con tres plumas cada una. Se irguió, descansó un segundo y empezó a estimularlas, a moverlas, a agitarlas y así le empezaron a crecer. En un minuto ya parecían de cóndor o de cualquier otro pájaro grande. Se detuvo a contemplar su novedad y se sintió poderoso, así es que, sin pensar, dio unos cuantos pasos, saltó todo lo que pudo y ya no cayó más

En su primer intento, Kulschynski aprendió a volar. Se alzó sobre el bosque y comenzó a recorrerlo, descubriendo tipos árboles que nunca hubiese visto. Sus límites ya no existían. Se elevó por sobre la montaña más grande para ver qué era lo que toda su vida le había tapado: ríos claros, praderas, animalitos simpáticos. Podría haber ido a donde hubiese querido, haberlo visto todo, sin embargo no pensó en otra cosa que en La Playa de los Calamares.

La Playa de los Calamares es el lugar más lindo de todos los lugares lindos. Sentado en la arena más fina, bajo el cielo más azul, con el sol más agradable, se ven los calamares más agraciados, dando los saltos más altos y deslizándose por las olas más grandes de ese, el mar más brillante. ¿Cómo sabía esto Kulschynski? ¿Había estado allí antes acaso? Jamás, lo sabía porque La Mujer de sus Ojos se lo había contado maravillosamente, poco antes de que se separaran, por causa de las que hoy se podrían llamar, típicas razones de fuerza mayor. No obstante, Kulschynski se olvidó por completo de ellas (o por lo menos quiso hacerlo) y aleteó y aleteó pensando en La Playa de los Calamares, pero no dirigiéndose a ella; antes pasaría a recoger a La Mujer de sus Ojos.

Desde muy alto vio esa casa blanca con motivos verdes, en la que vivía La Mujer de sus Ojos y entonces bajo hasta allí. Tocó el timbre y replegó sus alas para no asustar a nadie. Fue ella quien abrió la puerta y, justo después de que se le pusieran lo pelos de punta, abrazó a Kulschynski con todas sus fuerzas. Por supuesto que notó ese montón de plumas cuando le rodeó la espalda y abrió como nunca los ojos cuando él se las mostró desplegadas y le dijo que la había ido a buscar. Fue casi increíble, pero no hicieron otra cosa que tomarse las manos, ir hasta la calle y agarrarse a la manera de quedar ambos mirando el mismo horizonte. Luego un ¡SALTO! y ya volaban hacia La Playa de los Calamares. Nadie tuvo la necesidad de hablar, todo lo sabían, también hacia donde iban y por qué.

El viento les pegaba en sus sonrisas grandes y les limpiada cada lágrima escapada hacia alguna mejilla. Kulschynski volaba rápido y a ratos hacía piruetas que entretenían a La Mujer de sus Ojos. En un momento ambos vieron un camino que les resulto familiar y, como si ahora dirigieran juntos el vuelo, se acercaron para seguirlo. Después vieron un monte casi cuadrado, que, como es de imaginar, también les resulto familiar. Volaron rapidísimo hasta él y justo antes de que sus narices lo chocaran, y gracias a una maniobra que Kulschynski supo hacer con sus alas, salieron disparados hacia el cielo. Entonces apareció, hermosa, impresionante, entera y en un solo y largo segundo, La Playa de los Calamares.

Bajaron lentamente. Se sentaron en la arena a ver los calamares, luego caminaron por la orilla del mar, que de vez en cuando les cubría los pies. Hablaron y se miraron hasta cansarse. Se sintieron absolutamente plenos, no les faltaba nada.

A pesar de que el tiempo se les hizo siglos, ambos supieron cuando llegó el momento de dar por terminado el viaje, cada uno debía volver a su casa porque así era la naturaleza de las cosas. Kulschynski se preparó y la tomó para volar de regreso. Voló lento, hundiendo infinitamente su nariz en el pelo ondulado de La Mujer de sus Ojos, quien, por su parte, acogió su pena caída en agua, todo el largo camino, hasta que llegaron a la casa blanca con detalles verdes, donde se despidieron con un abrazo eterno. Finalmente Kulschynski se lanzó al aire en busca de altura, sin darse vuelta hacia quien se había quedado mirándole. Sintió que todo había durado nada.

A mitad de camino, le pareció sentir que sus alas se derretían. Pudo aterrizar en ese lugar desconocido que sobrevolaba y evitar caerse desde tan alto, sin embargo y no haciendo caso a los rumores que todos conocían acerca de un tal Icaro, decidió volar todavía más alto, camino al sol, y subió, subió, subió hasta que sus alas se terminaron de derretir y entonces cayó, cayó, cayó. Mientras caía, pensada en una sola cosa: en La Mujer de sus Ojos, en nada más. Sentía que ella estaría abajo esperándolo con los brazos abiertos y él caería blando en ellos y entonces sonrió y cayó sonriendo, cayo feliz, hasta que tocó el suelo y murió.


(Para Joaquín y Agustín)

miércoles, 6 de junio de 2007