jueves, 26 de abril de 2007

Seis Causas Para La Infelicidad (Por: La Vieja)

La decepción comparativa

¿Es que realmente la vida es una desgracia o es que nos deprime saber que existe gente que no conoce otra cosa que la felicidad? Una de las pocas cosas que puede oscurecer aún más la negrura de las tristezas, es saber que alguien no sólo carece de ella, sino que además lo está pasando mucho mejor.

La insistencia de la esperanza

Y Pandora alcanza a cerrar la cajita, después de que ya se le había escapado lo peor, y le queda la esperanza adentro. Si estaba ahí metida, es porque de ahí era la muy pilla. Eliminar la esperanza de nuestros corazones traerá dos ventajas: la paz interior que implica la ausencia de expectativas y el mayor goce de los buenos momentos cuya llegada es espontenea. Al infeliz que inventó la cantinela de que la esperanza es lo ultimo que se pierde, yo le diría que mientras antes se pierda, mejor.

Optimismo barato

“No hay mal que por bien no venga” Una ilusión conformista y trillada. ¿Qué podría hacer pensar que todo lo que pasa esta relacionado con lo bueno? No es problemático estar de acuerdo en que algo bueno es bueno, pero creo que es mucho pedir (sobre todo a quienes, a pesar de las buenas intenciones, no se les puede pedir mucho) que todo lo malo sea visto con un componente favorable. Hay cosas que son buenas y hay otras (quizás las más) que son malas. La aceptación de esto nos familiariza con la realidad.

Idealismos inalcanzables

¿Querer que se solucionen los problemas del país? ¿Querer que se acabe el hambre en el mundo? ¿Querer que se castigue la maldad? ¿Querer que todos seamos iguales? ¿Querer encontrar un alma gemela? Está bien, son apreciables las iniciativas, el esfuerzo y la abnegación local, pero nada más.

Vacíos que aguijonean

Es bastante fácil encontrar vacíos en nuestras vidas, sólo hace falta detenerse, pensar un poco y ya está. Más tarde, obsesivamente creemos que lo único necesario para ser felices es llenarlos, sin sospechar que justo después de haberlo conseguido, se nos aparecerán otros más grandes.

Añoranzas del pasado

Nada iba a durar para siempre, nunca nada ha durado para siempre. Lo más probable es que el esplendor sea sólo un pick en el camino sinuoso de nuestras vidas. Disfrutarlo es lo mejor que se puede hacer. Intentar perpetuarlo, lleva a la desesperación y el posterior fracaso inminente.

domingo, 22 de abril de 2007

Suerte Ah

Siempre Llon se imaginaba que Filip era uno de estos genios de lámpara, seguramente por su cara, la forma de caminar, de cruzar los brazos, de saludar, pero sobre todo por el elegante ademán de chasquear los dedos, curiosamente seguido de extrañas coincidencias. Esta sospecha era alentada frecuentemente por Estela, su novia (de Llon), que en ocaciones decía "a veces me parece que Filip es un genio".
Lln y Filip eran tan amigos, que aquel día no dudó en insinuarle lo que siempre había deseado: tener la mejor suerte del mundo. Filip lo miró con seriedad y le pregunto si verdaderamente era lo que más quería. Llon, entusiasmado, le dijo “sí, ese es mi deseo”. Filip chasqueó los dedos diciendo “por qué no, que así sea”. Llon esperó algún tipo de sensación sobrenatural que corroborara la genialidad de Filip. En ese preciso momento, y después también, se dio cuenta de que no había logrado sentir absolutamente nada.
Lo curioso fue que, ese domingo, Llon se ganó el pozo acumulado del Kino. Por supuesto que no pudo evitar hacer la obligada asociación, que ya todos nos hemos hecho aquí. Siguió probando suerte con raspes y ganó desde televisores hasta viajes varios. Siempre le tocaban los semáforos en verde, nunca tenía que esperar por ascensores ni estacionamientos, siempre encontraba premios en el interior de diversos productos, nunca se pillaba con filas en los bancos o musiquitas en líneas telefónicas de información y siempre encontraba asientos desocupados en el metro. A la semana renunció a su trabajo y comenzó su carrera de jugador en los distintos casinos del país. Al poco tiempo ya era millonario y tuvo la suerte de casarse con Estela, con quien se fue a vivir a la suite presidencial del Hotel Barteau.
En una de aquellas tardes en las que Llon salía a trotar sus rigurosas dos horas y media por el parque, se dio cuenta, a los minutos de actividad, de que nada le era más valioso que Estela. Suspendió su corrida y se fue al Hotel para proponerle un viaje por el mundo y la vida mas intensa por nadie antes vivida. Caminaba vibrante y sólo pensaba en ella, en sorprenderla con una entrada violenta, un fuerte abrazo y un apasionado “te amo”. Tantas vueltas le daba esto en su cabeza, que mientras cruzaba la ultima calle para llegar a la puerta del Hotel, un furioso camión, conducido por un borracho, lo arrasó del tal forma que murió en el instante mismo, sin siquiera tener conciencia de lo ocurrido. Tuvo suerte, pues de haber llegado a la habitación habría encontrado a Estela, aún acostada con su amigo Filip.

Historia del Beso

El Joven: Tomé la cámara con la lentitud necesaria para no asustarla. La puse delante de nosotros y me acerque para inmortalizar un beso. Cuando mis labios tocaron los de ella, me di cuenta de que ambos estaban secos. Ibamos a tener que humedecerlos para que el beso se desarrollara con la mejor placidez. Una vez solucionado el detalle, me atreví a abrir un poco la boca para proceder con la lengua. Siempre es bueno aclarar que al principio fue bien recibida, pero después descubrí que la guerra estaba declarada. Su lengua empezó a empujar la mía con una fuerza que jamás me esperé. La batalla fue tan dura como nuestras lenguas lo estaban. Poco a poco la mía comenzó a ceder y pasados unos segundos ya todo se volvió insostenible. Me derrotó. Formé una reticente falsa sonrisa, ya que la humillación, el odio y los deseos de venganza ardían en mi corazón. Maldita, tu lengua es más fuerte que la mía, pero hoy tengo armas secretas que no revelaré aquí.

La Joven: Yo vi cuando agarró la cámara y cuando ya la tenía delante de nosotros. Lo que nunca vi (¿se lo podría haber imaginado alguien?) fueron esos labios ansiosos cayendo sobre los míos. Me agradó que, por lo menos, estuviesen secos, odio los besos mojados. Cuando ya estaba todo en la humedad más virulenta, un cuerpo todavía más húmedo hizo entrada en mi cavidad bucal. Lo exploré calmadamente hasta darme cuenta de que era su asquerosa lengua. Me concentré, armé fuerzas y la empujé hasta exiliarla del todo. Fue una derrota rotunda, que él supo reconocer con una sonrisa de madura aceptación. Creo que ya todo está dicho y arreglado. Desde hoy: besos tiernos y sin lengua.