domingo, 19 de agosto de 2007
viernes, 17 de agosto de 2007
Los Seres De Dos Extremidades
A la querida persona que está leyendo, haga un esfuerzo, teniendo la cabeza en el lugar convencional, por poner su mano delante de sus ojos, con todos los dedos apuntando al piso. A continuación retraiga el pulgar, el anular y el meñique hacia la palma, dejando el índice y el dedo medio en la posición original, es decir, estirados. Finalmente, apoye la punta de esos dedos sobre una superficie (puede ser una mesa), de modo que el eje principal de ellos sea perpendicular al de la superficie (puede ser una mesa), teniendo la mediana libertad de no incurrir en la intransigencia de las líneas. En este momento, usted tiene ante su vista, un ser de dos extremidades.
Si es de su antojo, puede ejecutar lo mismo con la otra mano y hacer que sus, ahora, dos seres de dos extremidades interactúen entre sí, aunque sin pasar por alto, jamás, las leyes naturales que rigen la conducta de estos seres. Entre ellas podemos mencionar la incapacidad verbal a la que los seres de dos extremidades están sometidos. Para introducirlos en la experiencia de la comunicación, es preciso recurrir a una suerte de lenguaje kinestésico que, por otra parte, permite el contacto físico. Si las necesidades, insosteniblemente así lo exigen, se puede hacer uso de más dedos, a modo de extremidades transitorias. En este caso sólo esta permitido el uso del pulgar y el meñique, el anular no debiera desplegarse por ningún motivo, pues de ocurrir esto, no se estaría haciendo otra cosa que aniquilar la existencia del ser de dos extremidades. En lo que respecta a las habilidades motrices, existe la posibilidad de hacerlos saltar tanto sea posible y por un tiempo relativamente largo. Prohibidas estarían las curvas y suspensiones que dejen la sospecha de vuelo. Al desplazarse sobre una superficie (puede ser una mesa), tienen que hacerlo a través de pasos, los cuales, supongo, no es necesario explicar en detalle, dada la naturaleza estructural que los define. Si bien es admisible que ellos se deslicen, esto no puede ocurrir sin un mínimo de dos pasos previos, sobre la misma u otra superficie (puede ser una mesa).
Sin duda existen dos circunstancias que son las más complejas en la vida y pasión de los seres de dos extremidades. Una de ellas, la menos, es cuando deben interactuar con otros seres de dos extremidades, cuyo tutor no es uno mismo, pues ambos tutores (en caso de ser dos) deben concertar en la renuncia a la idiomática tradicional, entregándose a las leyes ya explicadas. La segunda, surgida como evento emergente de la primera, es la aparición y desarrollo de los sentimientos propios de los seres de dos extremidades, cuyas diferencias respecto de los nuestros, los humanos, francamente no existen.
El Viaje (cuento infantil)
Kulschynski vivía solo cerca del bosque. Un domingo, harto del tedio y la soledad, salió de su pequeña casa y se quedó parado mirando el cielo. Dejó pasar el tiempo que creyó suficiente, se sacó su camisa y se agachó como en cuclillas. Primero se concentró calmadamente, pero después empezó a hacer una fuerza intensa que nacía de su estómago y proyectaba hacia su espalda. Fue tanta que ¡pump!: le brotaron, así de repentísimo, un pequeño par de alitas blancas con tres plumas cada una. Se irguió, descansó un segundo y empezó a estimularlas, a moverlas, a agitarlas y así le empezaron a crecer. En un minuto ya parecían de cóndor o de cualquier otro pájaro grande. Se detuvo a contemplar su novedad y se sintió poderoso, así es que, sin pensar, dio unos cuantos pasos, saltó todo lo que pudo y ya no cayó más
Bajaron lentamente. Se sentaron en la arena a ver los calamares, luego caminaron por la orilla del mar, que de vez en cuando les cubría los pies. Hablaron y se miraron hasta cansarse. Se sintieron absolutamente plenos, no les faltaba nada.
(Para Joaquín y Agustín)