martes, 25 de septiembre de 2007

Ciencia, Tecnología y Adivinación

La ciencia nos ha permitido, a los seres humanos, ser cada vez más categóricos. Esta situación incluso sabe sopesar las silentes incertidumbres internas, nacidas de la insatisfacción existencial que el intelecto, siempre sobreestimado, no ha podido resolver (o bien ha generado, si se lo quiere ver como un paso que supera los tradicionales salvavidas de sentido, como la religión, el arte u otros). En este aspecto, la estadística es una ciencia a la que tenemos mucho que agradecer, ya que ha sido capaz, con el imponente sello de sus rigurosos métodos matemáticos, de validarnos una enormidad de asociaciones que en el mundo son posibles de hacer. Gracias a ella, actualmente se puede decir, por ejemplo, que existe una asociación significativa (esta es la palabrita clave de peso científico) entre caminar seis minutos más en el día y disminuir el riesgo de infelicidad o, haciendo uso de la nosología moderna, depresión.

Hoy en día, a través de los protocolos más estandarizados que regulan los estudios estadísticos, la disciplina de la adivinación ha encontrado su lugar en la ciencia. Podríamos mencionar muchos trabajos que se han realizado, con un extendido espacio muestral, y que han comprobado la existencia de asociaciones significativas (nótese la presencia de la palabrita) entre la predicción del futuro por medio de cartas, bolas de cristal, restos de café en el fondo de una taza donde ya se bebió su contenido, el iris, piedras tiradas al azar, quiromancia y otros; y el cumplimiento de éste.

Sin embargo, se le debe atribuir al avance de la tecnología, que la evolución de nuestros oráculos haya alcanzado un clímax en estos tiempos. Hoy no existe un mejor método para vaticinar lo que se nos viene, que la resonancia magnetica. Muchas escuelas de adivinación y la tradicional transmisión directa de los conocimientos adivinatorios de una generación a otra, incluyen el estudio de este tipo de imágenes en sus programas de formación. Si esto tuviese fines publicitarios, éste sería el momento de decir "no espere más" o de ocupar el desgastado "llame ya", porque es verdaderamente increíble cómo se han perfeccionado pitonisas, chamanes, brujas y demases gracias a la enriquecedora contribución que ha hecho la ciencia y la tecnología a su quehacer profético.

viernes, 17 de agosto de 2007

Los Seres De Dos Extremidades

A la querida persona que está leyendo, haga un esfuerzo, teniendo la cabeza en el lugar convencional, por poner su mano delante de sus ojos, con todos los dedos apuntando al piso. A continuación retraiga el pulgar, el anular y el meñique hacia la palma, dejando el índice y el dedo medio en la posición original, es decir, estirados. Finalmente, apoye la punta de esos dedos sobre una superficie (puede ser una mesa), de modo que el eje principal de ellos sea perpendicular al de la superficie (puede ser una mesa), teniendo la mediana libertad de no incurrir en la intransigencia de las líneas. En este momento, usted tiene ante su vista, un ser de dos extremidades.

Si es de su antojo, puede ejecutar lo mismo con la otra mano y hacer que sus, ahora, dos seres de dos extremidades interactúen entre sí, aunque sin pasar por alto, jamás, las leyes naturales que rigen la conducta de estos seres. Entre ellas podemos mencionar la incapacidad verbal a la que los seres de dos extremidades están sometidos. Para introducirlos en la experiencia de la comunicación, es preciso recurrir a una suerte de lenguaje kinestésico que, por otra parte, permite el contacto físico. Si las necesidades, insosteniblemente así lo exigen, se puede hacer uso de más dedos, a modo de extremidades transitorias. En este caso sólo esta permitido el uso del pulgar y el meñique, el anular no debiera desplegarse por ningún motivo, pues de ocurrir esto, no se estaría haciendo otra cosa que aniquilar la existencia del ser de dos extremidades. En lo que respecta a las habilidades motrices, existe la posibilidad de hacerlos saltar tanto sea posible y por un tiempo relativamente largo. Prohibidas estarían las curvas y suspensiones que dejen la sospecha de vuelo. Al desplazarse sobre una superficie (puede ser una mesa), tienen que hacerlo a través de pasos, los cuales, supongo, no es necesario explicar en detalle, dada la naturaleza estructural que los define. Si bien es admisible que ellos se deslicen, esto no puede ocurrir sin un mínimo de dos pasos previos, sobre la misma u otra superficie (puede ser una mesa).

Sin duda existen dos circunstancias que son las más complejas en la vida y pasión de los seres de dos extremidades. Una de ellas, la menos, es cuando deben interactuar con otros seres de dos extremidades, cuyo tutor no es uno mismo, pues ambos tutores (en caso de ser dos) deben concertar en la renuncia a la idiomática tradicional, entregándose a las leyes ya explicadas. La segunda, surgida como evento emergente de la primera, es la aparición y desarrollo de los sentimientos propios de los seres de dos extremidades, cuyas diferencias respecto de los nuestros, los humanos, francamente no existen.

Show de Variedades




















El Viaje (cuento infantil)

Kulschynski vivía solo cerca del bosque. Un domingo, harto del tedio y la soledad, salió de su pequeña casa y se quedó parado mirando el cielo. Dejó pasar el tiempo que creyó suficiente, se sacó su camisa y se agachó como en cuclillas. Primero se concentró calmadamente, pero después empezó a hacer una fuerza intensa que nacía de su estómago y proyectaba hacia su espalda. Fue tanta que ¡pump!: le brotaron, así de repentísimo, un pequeño par de alitas blancas con tres plumas cada una. Se irguió, descansó un segundo y empezó a estimularlas, a moverlas, a agitarlas y así le empezaron a crecer. En un minuto ya parecían de cóndor o de cualquier otro pájaro grande. Se detuvo a contemplar su novedad y se sintió poderoso, así es que, sin pensar, dio unos cuantos pasos, saltó todo lo que pudo y ya no cayó más

En su primer intento, Kulschynski aprendió a volar. Se alzó sobre el bosque y comenzó a recorrerlo, descubriendo tipos árboles que nunca hubiese visto. Sus límites ya no existían. Se elevó por sobre la montaña más grande para ver qué era lo que toda su vida le había tapado: ríos claros, praderas, animalitos simpáticos. Podría haber ido a donde hubiese querido, haberlo visto todo, sin embargo no pensó en otra cosa que en La Playa de los Calamares.

La Playa de los Calamares es el lugar más lindo de todos los lugares lindos. Sentado en la arena más fina, bajo el cielo más azul, con el sol más agradable, se ven los calamares más agraciados, dando los saltos más altos y deslizándose por las olas más grandes de ese, el mar más brillante. ¿Cómo sabía esto Kulschynski? ¿Había estado allí antes acaso? Jamás, lo sabía porque La Mujer de sus Ojos se lo había contado maravillosamente, poco antes de que se separaran, por causa de las que hoy se podrían llamar, típicas razones de fuerza mayor. No obstante, Kulschynski se olvidó por completo de ellas (o por lo menos quiso hacerlo) y aleteó y aleteó pensando en La Playa de los Calamares, pero no dirigiéndose a ella; antes pasaría a recoger a La Mujer de sus Ojos.

Desde muy alto vio esa casa blanca con motivos verdes, en la que vivía La Mujer de sus Ojos y entonces bajo hasta allí. Tocó el timbre y replegó sus alas para no asustar a nadie. Fue ella quien abrió la puerta y, justo después de que se le pusieran lo pelos de punta, abrazó a Kulschynski con todas sus fuerzas. Por supuesto que notó ese montón de plumas cuando le rodeó la espalda y abrió como nunca los ojos cuando él se las mostró desplegadas y le dijo que la había ido a buscar. Fue casi increíble, pero no hicieron otra cosa que tomarse las manos, ir hasta la calle y agarrarse a la manera de quedar ambos mirando el mismo horizonte. Luego un ¡SALTO! y ya volaban hacia La Playa de los Calamares. Nadie tuvo la necesidad de hablar, todo lo sabían, también hacia donde iban y por qué.

El viento les pegaba en sus sonrisas grandes y les limpiada cada lágrima escapada hacia alguna mejilla. Kulschynski volaba rápido y a ratos hacía piruetas que entretenían a La Mujer de sus Ojos. En un momento ambos vieron un camino que les resulto familiar y, como si ahora dirigieran juntos el vuelo, se acercaron para seguirlo. Después vieron un monte casi cuadrado, que, como es de imaginar, también les resulto familiar. Volaron rapidísimo hasta él y justo antes de que sus narices lo chocaran, y gracias a una maniobra que Kulschynski supo hacer con sus alas, salieron disparados hacia el cielo. Entonces apareció, hermosa, impresionante, entera y en un solo y largo segundo, La Playa de los Calamares.

Bajaron lentamente. Se sentaron en la arena a ver los calamares, luego caminaron por la orilla del mar, que de vez en cuando les cubría los pies. Hablaron y se miraron hasta cansarse. Se sintieron absolutamente plenos, no les faltaba nada.

A pesar de que el tiempo se les hizo siglos, ambos supieron cuando llegó el momento de dar por terminado el viaje, cada uno debía volver a su casa porque así era la naturaleza de las cosas. Kulschynski se preparó y la tomó para volar de regreso. Voló lento, hundiendo infinitamente su nariz en el pelo ondulado de La Mujer de sus Ojos, quien, por su parte, acogió su pena caída en agua, todo el largo camino, hasta que llegaron a la casa blanca con detalles verdes, donde se despidieron con un abrazo eterno. Finalmente Kulschynski se lanzó al aire en busca de altura, sin darse vuelta hacia quien se había quedado mirándole. Sintió que todo había durado nada.

A mitad de camino, le pareció sentir que sus alas se derretían. Pudo aterrizar en ese lugar desconocido que sobrevolaba y evitar caerse desde tan alto, sin embargo y no haciendo caso a los rumores que todos conocían acerca de un tal Icaro, decidió volar todavía más alto, camino al sol, y subió, subió, subió hasta que sus alas se terminaron de derretir y entonces cayó, cayó, cayó. Mientras caía, pensada en una sola cosa: en La Mujer de sus Ojos, en nada más. Sentía que ella estaría abajo esperándolo con los brazos abiertos y él caería blando en ellos y entonces sonrió y cayó sonriendo, cayo feliz, hasta que tocó el suelo y murió.


(Para Joaquín y Agustín)

miércoles, 6 de junio de 2007

domingo, 27 de mayo de 2007

¿Cómo sería el mundo sin el dominio de una probabilidad por sobre las demás?

Iban a la misma biblioteca, pero nunca se conocieron.

Se conocieron en una biblioteca. Ella estaba terminando un libro, con los ojos muy cerca del papel. El recorría pasillos y de pronto ve a esta mujer cuyos razgos se ajustan a sus parametros de lo lindo y entonces lo demás: invitarla a un café, pasar el resto de la mañana con ella, llevarla a almorzar, a conocer su departamento, conversar largas horas, mostrarle lo mejor que tiene para mostrar, "restorán" y después un "pab" en el que también bailarán, se emborracharan y terminaran diciéndose algo parecido a my place or your place?

Se conocieron en una biblioteca. La primera vez que se vieron, ella leía sentada en una pera, con los codos en las piernas y el abrigo puesto. El paseándose por los pasillos con un papel en la mano. Ella no supo que él la vio, ni que se quedó viéndola un rato. El, cuando atinó, fue a buscar su libro a un lugar que estaba muy cerca de ella. Ella sintió su presencia y lo miró justo cuando él también lo hacía (a ella, no a él mismo). Vergüenza mutua, ella de vuelta a las páginas, él de vuelta al estante, ambos con mucho rojo en sus caras. Sucedieron encuentros similares por muchos, muchísimos días, hasta que alguien se aventuró a saludar y en adelante todo se dio con la facilidad propia del asunto.

Se conocieron en una biblioteca: A mi también me gusta Cortazar (él) Disculpa, es que lo estoy terminando (ella) Sí, está bien, que lo disfrutes (él) Vale, gracias (ella). El se va y no la ve nunca más.

Se conocieron en una biblioteca: A mi también me gusta Cortazar (él) ¿de verdad? A mi me encanta (ella) Ahora busco uno de Monterroso (él) ¿También te gusta? justo yo escribiendo un ensayo acerca de él (ella) ¿Me lo mostrarías? vengo todos los miércoles (él) yo también (ella) Entonces nos vamos a estar viendo siempre (él) Así parece (ella).

Hoy día están juntos y separados de cinco formas distintas.


(Fotografía: Stephen Hawking como representante de las nuevas posibilidades de la física moderna)

domingo, 20 de mayo de 2007

Bombón

Hace dos días me moría de hambre y fui a comprar un bombón. No sólo me fije que el sabor fuera de mi agrado, también consideré el color del envoltorio. Caminando de vuelta lo abrí y en vez de ese esperado chocolate suculento, relleno con suave crema de frutos rojos, estaba La Mujer Fatal. Me detuve y me dije: ya está, estoy loco y no hay más que decir (quizás dije esquizofrénico). “Ay que eres tontito” me dijo “¿supongo que sabes lo que tienes que hacer?” me preguntó “tienes que comerme enterita” ¡me respondió! Le hice un lecho con mis manos y caminé. Me saqué un pelo para hacerle cosquillas, le dije cositas, le tiré besitos y la miré todo el trayecto. Ahora que lo pienso, y a modo de prevención de riesgos, también debería haber mirado el camino de vez en cuando. En fin, ella me miraba, bailaba un poquito y estiraba los brazos diciéndome “ya pu”. Llegué (llegamos), fui al balcón (fuimos), sentí la brisa de la media tarde (la sentimos), cerré los ojos y me la comí.

El Señor Agnicio Vallablinca

El señor Agnicio Vallablinca no es el señor Ignacio Villablanca. Es la primera cosa que hay que aclarar para así evitar todo tipo de confusiones. Es verdad que estos dos personajes pueden tener muchos aspectos en común, incluso hay quienes postulan que uno deriva del otro (dentro de estos, cada vez son más los que creen que el segundo viene del primero).

El señor Agnicio Vallablinca es una persona muy interesante y tan real como el señor Ignacio Villablanca. Una forma de probarlo es contarles a ustedes, queridos lectores, algunas de las cosas que le gustan al señor Agnicio Vallablinca, pero que no tienen ninguna razón de ser contadas para posibles efectos literarios. Claro, porque si les cuento un cuento del señor Agnicio Vallablinca, ustedes podrían pensar que inventé al señor Agnicio Vallablinca (a propósito, ahora habla el señor Ignacio Villablanca) para poder contar, a través de él, lo que se me antoje. Sin embargo esto no es así, el señor Agnicio Vallablinca no es materia funcional, es materia real. Y bueno, ahora vienen las cosas que le gustan al señor Agnicio Vallablinca.

Al señor Agnicio Vallablinca le encantan las pastillas de miel, esas con el envoltorio amarillo. Siempre tiene en su casa y frecuentemente, además de comerlas en momentos azarosos del día, deja caer una en el té o el café. También las usa para sopesar momentos de desagrado, como las protocolares conversaciones con personajes pseudointelectuales, la realización trámites burocráticos o cuando, inesperadamente, La Soledad y El Desgano se juntan en su casa. Uno de los momentitos importantes de su vida cotidiana, es cuando se le acaban. Por un lado se pone triste, pero lo alegra el hecho de tener que ir a comprar más. De los paquetes nuevos siempre come tres de inmediato.

La tercera forma sensorial de alcanzar algo que se parece mucho a la felicidad (la segunda es la gastronomía) es a través de un guatero. Algunas noches, sobre todo en invierno, el señor Agnicio Vallablinca decide preparárselo y es una escalera de emoción. Ya esta contento calentando el agua y más cuando ésta ya ha hervido, luego la vierte con mucha, mucha dedicación en este objeto (aunque para su espíritu sea más que un objeto) que ha buscado con mucho, mucho entusiasmo, para luego dejarlo metido en la cama. Sonriendo cada segundo, se pone su ropa para dormir, abre las tapas, entra, se acomoda (ya esta muy, muy alegre) y recién allí lo busca con sus pies. Cuando lo encuentra no lo cree, es una sensación divina, no hay pensamientos (mucho menos preocupaciones), sólo confort. La plenitud embarga sus sentidos y todo su corazón. Es feliz. Dormirá toda la noche, sin pesadillas y por la mañana bajará placidamente de su nube.

Creo que estas dos son suficientes para probar la existencia del señor Agnicio Vallablinca, ya les contaré más de él en otra oportunidad, o quizás lo haga él mismo.

La Vieja y Su Incomprensión de la Pobreza

Bien. Esta es una cortita. Lo que pasa es que, caminando por la calle, La Vieja se encuentra con esta mujer gorda sentada en unos escalones. Me decía que era muy gorda, tremendamente gorda, no se imaginaba como se iba a parar o cuanto rato podría haber llevado allí, incluso (y quizás a propósito de sus acolchamientos adiposos) parecía cómoda. El asunto es que se miran y esta señora gorda le estira la mano y le dice algo que probablemente tenía que ver con el auxilio de caridad. Ahí La Vieja confirma que se trata de una señora muy pobre, se desconcierta, se detiene, se acerca y le dice, Señora, hay algo que no comprendo de usted ¿Cómo es que puede ser pobre y la vez ser gorda? En ese momento la mujer se enfurece y le va a contestar algo muy agresivo y muy soez, pero finalmente no lo hace porque prioriza acudir en respuesta a su celular que ha comenzado a sonar. La Vieja retoma su paseo sin darle ni un peso, aunque pensando que hubiese sido muy generosa, porque justo una cuadra antes, por causa del buen tiempo, la había invadido la dadivosidad. Me dice que por primera vez no tuvo esa desagradable sensación de no poder dar y (o "o") esa vergüenza de saber que algunos iban a ver su negativa (que sobre todo pasa en el supermercado, cuando te preguntan si quieres donar esos dos pesos, que ahora van como en veinte). No, nada de eso, sólo sintió incomprensión.

domingo, 6 de mayo de 2007

Murphy's

Sin el tacto que cualquier persona medianamente sensible hubiese tenido en esta trágica situación, me dijo: la perdiste. Por esos días me acuerdo de una ley de Murphy (que mágicamente regulan todo) que dice algo así como que siempre se encuentra una cosa cuando se anda buscando la otra. Desde ahí que me he estado cuestionando si acaso debería buscarla para terminar encontrando otro amor que me haga olvidar o busco otro amor para terminar encontrándola a ella.

sábado, 5 de mayo de 2007

La Señorita Amoniaco (acto final)

A la mañana siguiente, aunque más delgado y corto, vio otro pelo de las mismas características a unos 23 cm del anterior. Luego de recuperarse, la señorita Amoniaco no sólo se cuestionó que por qué otro pelo, sino además que por qué todavía estaba el anterior y que qué iba a hacer con ellos. Iba a ir a buscar los guantes de goma y los sacaría. No, iba a dejarlos ahí para qué El Joven los viera. No, mejor aún, iba a sacar el primero e iba a dejar el segundo para que El Joven lo viera y además supiera que ella también los había visto. Al final no hizo nada.

Todo lo que siguió estuvo cargado de perturbación. La ducha: perturbada; desayuno: perturbado; elección de ropa… ni decir. Se dispuso a ver el matinal para relajarse, pero se perturbó aún más por causa de los problemas que aquejaban al país. Prefiero no publicar las palabras que uso para dirigirse a la educación, a la justicia, al problema de la señora y su vivienda o a las políticas públicas.


Decidió no ir a trabajar (no fue capaz). Se quedó en el departamento pensando larga y detenidamente qué iba a hacer con su vida. Estaba claro que el esperanzado sueño que los había llevado, a ella y a El Joven, a juntar más sus vidas, se diluía a paso rápido. La idea de que El Joven no fuese en realidad lo que ella había esperado, la agarró con cierta violencia (pongo entre paréntesis y con censura algunos de pensamientos que la invadieron: eres un descortés, incivil, desatento, sólo piensas en ti, ególatra, mala persona y tonto de cacú). Ya calmada decidió hacer el mayor de los esfuerzos, el último, por salvar lo que casi ya no se podía. Se sentó en el living y esperó a El Joven para conversar con él. Al cabo de cinco horas llegó El Joven al departamento, hoy había salido un poco antes de su trabajo. Se acercó a la señorita Amoniaco, la saludó y se tumbó donde pudo. Notó algo extraño en su timoncito (como a veces la llamaba en alusión al amigo del jabalí que aparece en la película del león) y trató de averiguar qué era. Cuando preguntó por quinta vez, la señorita Amoniaco le dijo esto: Estoy un poco afligida, me gustaría que te preocuparás más por… no sé… el departamento, las cosas (El Joven: ¿Qué cosas?) hablo en general, de todas las cosas, que fueras más cuidadoso y más considerado (El Joven: ¿Pasó algo en especial?) sólo te digo que te fijes más y que te acuerdes de que ya no vives sólo, ahora vivimos juntos (El Joven: Está bien, lo voy a hacer con gusto) Sabía que me ibas a entender, te quiero mucho. Esa noche fue ideal para la señorita Amoniaco, se sintió complementaba en todo su ser.

En la mañana se despertó más temprano, con la intención de prepararle un abundante desayuno a El Joven. Cuando éste ya se tuvo que ir, le dio el conocido abrazo del oso y lo despidió con un beso febril. Después se fue a duchar. En el baño seguían los pelos, no lo vamos a omitir, pero ni tanto le importó, pues se trataba de los mismos dos, por lo que livianamente los recogió y los depositó en el basurerito del baño. Se empezó a duchar, tomó el jabón y vio pegado a él… sí, así es.


Cuando por la tarde El Joven llegó al departamento, en vez de encontrar a La Señorita Amoniaco, encontró una nota: No puedo más, quédate con todo y ni pienses buscarme, adiós para siempre.





Hasta Que Apareció

Desde que me propuse tener un amigo imaginario, que le he estado hablando. Los primeros días lo hacía durante los desayunos, luego de haber preparado un puesto para él. Tengo que confesar que las palabras no salieron naturales ni ágiles desde el comienzo, de hecho miraba las ventanas para comprobar que nadie estuviese mirando. Pasó un tiempito y ya también almorzábamos, cenábamos juntos e incurríamos en largas y (a veces) profundas tertulias. Sin embargo no recibía mucha correspondencia de su parte, ya que, a pesar de todos mis esfuerzos, él aún no había aparecido.
Seguimos siendo amigos, esto de la amistad no es una empresa que se deba dejar de un día para otro, menos cuando se pretende obtener bellos frutos de ella. De lo gastronómico pasamos a todos los demás espacios cotidianos: estudiábamos juntos, escuchábamos música, cocinábamos, salíamos a caminar, etc. Como ya no me avergonzaba que me descubrieran hablándole, dejé de evitar la presencia de terceros e incluso charlábamos en reuniones sociales. Sin embargo, el problemita continuaba: mi amigo imaginario todavía no aparecía.
Días, semanas, meses, hasta que un día, con la cabeza metida en el refrigerador, decidiéndome por algo que comer, sentí cómo se corría una silla y alguien se sentaba en ella. Cerré la puerta (la del refri), me di vuelta despacio y… ahí, sentado, sonriendo, mirándome: Mi amigo imaginario. La emoción me abrumó en ese momento y también lo hace ahora. Me faltan palabras, no puedo seguir contando mucho, pero sí se los puedo presentar.

(Agradecimientos especiales a F.M.G.)

jueves, 26 de abril de 2007

Seis Causas Para La Infelicidad (Por: La Vieja)

La decepción comparativa

¿Es que realmente la vida es una desgracia o es que nos deprime saber que existe gente que no conoce otra cosa que la felicidad? Una de las pocas cosas que puede oscurecer aún más la negrura de las tristezas, es saber que alguien no sólo carece de ella, sino que además lo está pasando mucho mejor.

La insistencia de la esperanza

Y Pandora alcanza a cerrar la cajita, después de que ya se le había escapado lo peor, y le queda la esperanza adentro. Si estaba ahí metida, es porque de ahí era la muy pilla. Eliminar la esperanza de nuestros corazones traerá dos ventajas: la paz interior que implica la ausencia de expectativas y el mayor goce de los buenos momentos cuya llegada es espontenea. Al infeliz que inventó la cantinela de que la esperanza es lo ultimo que se pierde, yo le diría que mientras antes se pierda, mejor.

Optimismo barato

“No hay mal que por bien no venga” Una ilusión conformista y trillada. ¿Qué podría hacer pensar que todo lo que pasa esta relacionado con lo bueno? No es problemático estar de acuerdo en que algo bueno es bueno, pero creo que es mucho pedir (sobre todo a quienes, a pesar de las buenas intenciones, no se les puede pedir mucho) que todo lo malo sea visto con un componente favorable. Hay cosas que son buenas y hay otras (quizás las más) que son malas. La aceptación de esto nos familiariza con la realidad.

Idealismos inalcanzables

¿Querer que se solucionen los problemas del país? ¿Querer que se acabe el hambre en el mundo? ¿Querer que se castigue la maldad? ¿Querer que todos seamos iguales? ¿Querer encontrar un alma gemela? Está bien, son apreciables las iniciativas, el esfuerzo y la abnegación local, pero nada más.

Vacíos que aguijonean

Es bastante fácil encontrar vacíos en nuestras vidas, sólo hace falta detenerse, pensar un poco y ya está. Más tarde, obsesivamente creemos que lo único necesario para ser felices es llenarlos, sin sospechar que justo después de haberlo conseguido, se nos aparecerán otros más grandes.

Añoranzas del pasado

Nada iba a durar para siempre, nunca nada ha durado para siempre. Lo más probable es que el esplendor sea sólo un pick en el camino sinuoso de nuestras vidas. Disfrutarlo es lo mejor que se puede hacer. Intentar perpetuarlo, lleva a la desesperación y el posterior fracaso inminente.

domingo, 22 de abril de 2007

Suerte Ah

Siempre Llon se imaginaba que Filip era uno de estos genios de lámpara, seguramente por su cara, la forma de caminar, de cruzar los brazos, de saludar, pero sobre todo por el elegante ademán de chasquear los dedos, curiosamente seguido de extrañas coincidencias. Esta sospecha era alentada frecuentemente por Estela, su novia (de Llon), que en ocaciones decía "a veces me parece que Filip es un genio".
Lln y Filip eran tan amigos, que aquel día no dudó en insinuarle lo que siempre había deseado: tener la mejor suerte del mundo. Filip lo miró con seriedad y le pregunto si verdaderamente era lo que más quería. Llon, entusiasmado, le dijo “sí, ese es mi deseo”. Filip chasqueó los dedos diciendo “por qué no, que así sea”. Llon esperó algún tipo de sensación sobrenatural que corroborara la genialidad de Filip. En ese preciso momento, y después también, se dio cuenta de que no había logrado sentir absolutamente nada.
Lo curioso fue que, ese domingo, Llon se ganó el pozo acumulado del Kino. Por supuesto que no pudo evitar hacer la obligada asociación, que ya todos nos hemos hecho aquí. Siguió probando suerte con raspes y ganó desde televisores hasta viajes varios. Siempre le tocaban los semáforos en verde, nunca tenía que esperar por ascensores ni estacionamientos, siempre encontraba premios en el interior de diversos productos, nunca se pillaba con filas en los bancos o musiquitas en líneas telefónicas de información y siempre encontraba asientos desocupados en el metro. A la semana renunció a su trabajo y comenzó su carrera de jugador en los distintos casinos del país. Al poco tiempo ya era millonario y tuvo la suerte de casarse con Estela, con quien se fue a vivir a la suite presidencial del Hotel Barteau.
En una de aquellas tardes en las que Llon salía a trotar sus rigurosas dos horas y media por el parque, se dio cuenta, a los minutos de actividad, de que nada le era más valioso que Estela. Suspendió su corrida y se fue al Hotel para proponerle un viaje por el mundo y la vida mas intensa por nadie antes vivida. Caminaba vibrante y sólo pensaba en ella, en sorprenderla con una entrada violenta, un fuerte abrazo y un apasionado “te amo”. Tantas vueltas le daba esto en su cabeza, que mientras cruzaba la ultima calle para llegar a la puerta del Hotel, un furioso camión, conducido por un borracho, lo arrasó del tal forma que murió en el instante mismo, sin siquiera tener conciencia de lo ocurrido. Tuvo suerte, pues de haber llegado a la habitación habría encontrado a Estela, aún acostada con su amigo Filip.

Historia del Beso

El Joven: Tomé la cámara con la lentitud necesaria para no asustarla. La puse delante de nosotros y me acerque para inmortalizar un beso. Cuando mis labios tocaron los de ella, me di cuenta de que ambos estaban secos. Ibamos a tener que humedecerlos para que el beso se desarrollara con la mejor placidez. Una vez solucionado el detalle, me atreví a abrir un poco la boca para proceder con la lengua. Siempre es bueno aclarar que al principio fue bien recibida, pero después descubrí que la guerra estaba declarada. Su lengua empezó a empujar la mía con una fuerza que jamás me esperé. La batalla fue tan dura como nuestras lenguas lo estaban. Poco a poco la mía comenzó a ceder y pasados unos segundos ya todo se volvió insostenible. Me derrotó. Formé una reticente falsa sonrisa, ya que la humillación, el odio y los deseos de venganza ardían en mi corazón. Maldita, tu lengua es más fuerte que la mía, pero hoy tengo armas secretas que no revelaré aquí.

La Joven: Yo vi cuando agarró la cámara y cuando ya la tenía delante de nosotros. Lo que nunca vi (¿se lo podría haber imaginado alguien?) fueron esos labios ansiosos cayendo sobre los míos. Me agradó que, por lo menos, estuviesen secos, odio los besos mojados. Cuando ya estaba todo en la humedad más virulenta, un cuerpo todavía más húmedo hizo entrada en mi cavidad bucal. Lo exploré calmadamente hasta darme cuenta de que era su asquerosa lengua. Me concentré, armé fuerzas y la empujé hasta exiliarla del todo. Fue una derrota rotunda, que él supo reconocer con una sonrisa de madura aceptación. Creo que ya todo está dicho y arreglado. Desde hoy: besos tiernos y sin lengua.

viernes, 30 de marzo de 2007

La Mujer de Tres Sentimientos

Sin dar nombres, por supuesto. Conozco a una mujer P desde el año pasado. Al principio me resulto algo rara, pero mis prejuicios no tuvieron el coraje para decir algo más. Ya con el tiempo la fui conociendo (en realidad observando, porque me daba susto hablar con ella) hasta que un día, creí haber desentrañado el misterio de su esencia. Traté de hacer un poco de estadística para asegurarme y le conté el caso a varios amigos. “Ah, esa es la típica Mujer de Tres Sentimientos”. Hice un análisis más cuidadoso de lo que me habían dictaminado y supe que efectivamente se trataba una mujer de tres sentimientos. Ahora, todos se estarán preguntando mas o menos lo mismo ¿qué significa esto de ser una mujer de tres sentimientos?

Todas las personas, sin importar lo muy reducidas que puedan ser, tienen que codear con una infinita serie de sentimientos dificiles de sortear con éxito. Sin embargo,
La Mujer de Tres Sentimientos ha alcanzado un curioso éxito evolutivo: reducir la gama a sólo tres. A la M3S (para abreviar) no le viene tristeza ni desanimo ni ahogo ni desesperación, solamente ira. Si algo le llega a parecer mal en cualquier variedad posible, ella recurre a ese sentimiento en la más pura de sus formas. Se podría decir que la M3S no sufre, se enoja. Idealizaciones como la felicidad o la plenitud o cualquiera de las otras cosas medianamente elevadas (que según algunos definen nuestra humanidad) le son completamente innecesarias. Para obtener su bienestar recurre al placer. Sentimentalmente, le resutla similar comer camarones, reír con un chiste, escuchar música, tener un orgasmo, realizarse profesionalmente y/o/u quien sabe qué más. Finalmente, y quizás sentando las bases de esta hermosa y estable simplicidad, está la autoconfianza; una autoconfianza que excede cualquier límite y satisface con comodidad todas necesidades físicas y espirituales.

En este espacio saludamos cordialmente a la mujer de tres sentimientos.

miércoles, 28 de marzo de 2007

La Señorita Amoniaco (acto primero)

La Señorita Amoniaco todos los días llega a su departamento y trata de descubrir si algo no está en el lugar que creyó haberlo dejado cuando salió. Esto lo hace porque desde no hace mucho tiempo, ha comenzado a vivir con El Joven. Yo no sería capaz de poner en duda el amor que La Señorita Amoniaco le tiene a El Joven, seguramente debe ser incondicional. Aún así (no deja de ser curioso), una mañana cualquiera, cuando él ya se había ido a trabajar y ella estaba sola, entrando al baño para ducharse, vio cerca de la tina un pelo negro que se enroscaba caprichosamente. Se quedó paralizada un buen rato, incluso se le cayó la toalla, la que desde luego se apuró en recoger, movida por la vergüenza que le hubiese significado un posible espectador. Entendió que había salido del cuerpo de El Joven, pero no entendió que hacía tan caído en ese lugar.

Ya por la tarde, después de una larga jornada de trabajo, llegó al departamento. El Joven ya lo había hecho y leía el diario tirado en el sofá del living. Notó que había cojines innecesariamente desordenados, pero hizo un esfuerzo por saludar sin referirse a ello. Pasó hasta la habitación, se saco de encima todo lo que pudo reemplazar por ropa más cómoda y antes de volver al living con El Joven, se quedó pensando si acaso era pertinente hablar de aquel caso de la mañana, pero no pudo sino dejar el asunto a medio resolver.

Beso, un cariño en el pelo y quieres tomar once. Bueno, si quieres te ayudo. Gracias, vida, pero no te preocupes. Y La Señorita Amoniaco partió a la cocina preguntándose por qué El Joven había elegido seguir leyendo el diario, dejándola llevarse todo el trabajo cotidiano. El rascándose la cara y ella poniendo la mesa. El con la jornada deportiva y ella que pucha, que por qué. El cambiando de página y ella con el pan, la mantequilla, los huevos, la palta, el jamón, la mermelada y el café. Cuando ambos alcanzaron un nivel de nutrición propicio, La Señorita Amoniaco le sugirió a El Joven que se fuese a la cama y la esperara mientras se encargaba de los platos y demases. Ya bajo las sábanas (o entre las sabanas para quien quiera considerar la de abajo), fueron inevitables los besos y las caricias. Ella disfrutaba la circunstancia, pero no podía entregarse a la comodidad infinita ¿cómo hubiese podido si en su cabeza mariposeaban el pelo y la once? Fue un día largísimo, preferiría que me abrazaras y nos durmiéramos. El Joven la besó en la frente con mucha ternura, accedió a sus demandas y se durmió al poco rato.

¿Por qué no insiste? ¿No me desea? ¿Por qué no me ayudo con la once? ¿Qué hacía ahí ese pelo? ¿Y ahora está durmiendo? ¿Se interesará por lo que me pasa? Si así fuera me preguntaría un poco más, es obvio que le terminaría contando ¿Es que acaso no le preocupo? ¿Es que acaso no me quiere? Y así siguió unos minutos hasta que al final, dificultosamente, La Señorita Amoniaco pudo quedarse dormida.



martes, 27 de marzo de 2007

Terapias Express y Mucho Más

Concurso

Cuente su lío. Al mejor lío se le mandará un consejo original, alternativo, muy chori y serán publicados discretamente en este sitio huev (el lío y el consejo).

lunes, 26 de marzo de 2007

Encuentros


El tipo de al lado sabe que no es Placido Domingo, sin embargo le molesta profundamente saber que yo, que ya llevo un buen rato mirándolo, piense que sí lo es. Mira hacia delante, sentado, trata de mostrarse imperturbable. Yo ya no aguanto y me acerco un poco. Se da cuenta. No puedo ver completamente su ángulo izquierdo, me deja dudas, así es que me acerco todavía más para lograrlo, incluso me inclino un poco (siempre con disimulo) y ya está ¡Es tremendo! o se parece demasiado o efectivamente es Placido Domingo. Me quiero sentar a su lado. Lo hago. El tipo se apega contra la pared de metro (porque, dicho sea de paso, vamos en el metro). Repentinamente se para y camina hasta la puerta que en cinco segundos se abrirá en la próxima estación. Veo que sale con rapidez. Ahora estoy pensando si acaso lo incomodé. Delante de mí se acaba de sentar Benedicto XVI.

La Vieja (Primera Parte)

A todos aquellos quienes la conocen, no necesito decirles nada y saben muy bien a que me refiero. A los que la han escuchado nombrar o han oído alguna de sus tantas historias, de seguro no paran de preguntarse ¿quién es realmente la vieja? Y por último, aquellos que aún no se enteran de La Vieja, tendrán a continuación el agrado de conocerla a través de sus historias. Así es, esto no es ni más ni menos, que un anecdotario de la Vieja, una selección de las mejores anécdotas, presenciadas por la mismísima voz que les habla (Ignacio Villablanca, de quien se puede encontrar más información en la seccion "conozca al autor") o que han sido entregadas por fuentes verificables y absolutamente directas.

Antes que todo quisiera partir introduciendo, someramente, alguna información respecto de la biografía de La Vieja. Hay algunos quienes afirman que La Vieja nació dos veces, pero creo que se trata de gente que intenta polemizar el tema. El consenso general al que hemos llegado quienes conocemos profundamente a La Vieja, es que nació en 1913, exactamente el mismo día de la proclamación de la independencia del Tibet (11 de Enero para los que no saben). Así es como hoy La Vieja goza los dulces 94.

Celebrado en el “Salón Platinuim” del Hotel Barteau, su ultimo cumpleaños desbordo de entretenimiento y de jocosas intrigas que probablemente se describirán después, aunque probablemente no.


La infancia de la Vieja transcurrió tranquilamente en Venecia, y su adolescencia se desarrollo agitadamente en Yugoslavia, hasta que en 1930 emigró a nuestro país, acompañada de sus padres: don Carlos y don Ambrosio. Llego a Chile justo el día en que Mickey Mouse debutó en las tiras cómicas (13 de enero para los que tampoco saben). Toda su vida ha transcurrido aquí desde entonces, a excepción de un viaje turístico a Normandía en la década de los 40, motivado por la intención de presenciar un famoso desembarco, acerca del cual aún sigue contando historias.



Y aquí, para que conozcan su célebre rostro...


Animales Importantes