viernes, 30 de marzo de 2007

La Mujer de Tres Sentimientos

Sin dar nombres, por supuesto. Conozco a una mujer P desde el año pasado. Al principio me resulto algo rara, pero mis prejuicios no tuvieron el coraje para decir algo más. Ya con el tiempo la fui conociendo (en realidad observando, porque me daba susto hablar con ella) hasta que un día, creí haber desentrañado el misterio de su esencia. Traté de hacer un poco de estadística para asegurarme y le conté el caso a varios amigos. “Ah, esa es la típica Mujer de Tres Sentimientos”. Hice un análisis más cuidadoso de lo que me habían dictaminado y supe que efectivamente se trataba una mujer de tres sentimientos. Ahora, todos se estarán preguntando mas o menos lo mismo ¿qué significa esto de ser una mujer de tres sentimientos?

Todas las personas, sin importar lo muy reducidas que puedan ser, tienen que codear con una infinita serie de sentimientos dificiles de sortear con éxito. Sin embargo,
La Mujer de Tres Sentimientos ha alcanzado un curioso éxito evolutivo: reducir la gama a sólo tres. A la M3S (para abreviar) no le viene tristeza ni desanimo ni ahogo ni desesperación, solamente ira. Si algo le llega a parecer mal en cualquier variedad posible, ella recurre a ese sentimiento en la más pura de sus formas. Se podría decir que la M3S no sufre, se enoja. Idealizaciones como la felicidad o la plenitud o cualquiera de las otras cosas medianamente elevadas (que según algunos definen nuestra humanidad) le son completamente innecesarias. Para obtener su bienestar recurre al placer. Sentimentalmente, le resutla similar comer camarones, reír con un chiste, escuchar música, tener un orgasmo, realizarse profesionalmente y/o/u quien sabe qué más. Finalmente, y quizás sentando las bases de esta hermosa y estable simplicidad, está la autoconfianza; una autoconfianza que excede cualquier límite y satisface con comodidad todas necesidades físicas y espirituales.

En este espacio saludamos cordialmente a la mujer de tres sentimientos.

miércoles, 28 de marzo de 2007

La Señorita Amoniaco (acto primero)

La Señorita Amoniaco todos los días llega a su departamento y trata de descubrir si algo no está en el lugar que creyó haberlo dejado cuando salió. Esto lo hace porque desde no hace mucho tiempo, ha comenzado a vivir con El Joven. Yo no sería capaz de poner en duda el amor que La Señorita Amoniaco le tiene a El Joven, seguramente debe ser incondicional. Aún así (no deja de ser curioso), una mañana cualquiera, cuando él ya se había ido a trabajar y ella estaba sola, entrando al baño para ducharse, vio cerca de la tina un pelo negro que se enroscaba caprichosamente. Se quedó paralizada un buen rato, incluso se le cayó la toalla, la que desde luego se apuró en recoger, movida por la vergüenza que le hubiese significado un posible espectador. Entendió que había salido del cuerpo de El Joven, pero no entendió que hacía tan caído en ese lugar.

Ya por la tarde, después de una larga jornada de trabajo, llegó al departamento. El Joven ya lo había hecho y leía el diario tirado en el sofá del living. Notó que había cojines innecesariamente desordenados, pero hizo un esfuerzo por saludar sin referirse a ello. Pasó hasta la habitación, se saco de encima todo lo que pudo reemplazar por ropa más cómoda y antes de volver al living con El Joven, se quedó pensando si acaso era pertinente hablar de aquel caso de la mañana, pero no pudo sino dejar el asunto a medio resolver.

Beso, un cariño en el pelo y quieres tomar once. Bueno, si quieres te ayudo. Gracias, vida, pero no te preocupes. Y La Señorita Amoniaco partió a la cocina preguntándose por qué El Joven había elegido seguir leyendo el diario, dejándola llevarse todo el trabajo cotidiano. El rascándose la cara y ella poniendo la mesa. El con la jornada deportiva y ella que pucha, que por qué. El cambiando de página y ella con el pan, la mantequilla, los huevos, la palta, el jamón, la mermelada y el café. Cuando ambos alcanzaron un nivel de nutrición propicio, La Señorita Amoniaco le sugirió a El Joven que se fuese a la cama y la esperara mientras se encargaba de los platos y demases. Ya bajo las sábanas (o entre las sabanas para quien quiera considerar la de abajo), fueron inevitables los besos y las caricias. Ella disfrutaba la circunstancia, pero no podía entregarse a la comodidad infinita ¿cómo hubiese podido si en su cabeza mariposeaban el pelo y la once? Fue un día largísimo, preferiría que me abrazaras y nos durmiéramos. El Joven la besó en la frente con mucha ternura, accedió a sus demandas y se durmió al poco rato.

¿Por qué no insiste? ¿No me desea? ¿Por qué no me ayudo con la once? ¿Qué hacía ahí ese pelo? ¿Y ahora está durmiendo? ¿Se interesará por lo que me pasa? Si así fuera me preguntaría un poco más, es obvio que le terminaría contando ¿Es que acaso no le preocupo? ¿Es que acaso no me quiere? Y así siguió unos minutos hasta que al final, dificultosamente, La Señorita Amoniaco pudo quedarse dormida.



martes, 27 de marzo de 2007

Terapias Express y Mucho Más

Concurso

Cuente su lío. Al mejor lío se le mandará un consejo original, alternativo, muy chori y serán publicados discretamente en este sitio huev (el lío y el consejo).

lunes, 26 de marzo de 2007

Encuentros


El tipo de al lado sabe que no es Placido Domingo, sin embargo le molesta profundamente saber que yo, que ya llevo un buen rato mirándolo, piense que sí lo es. Mira hacia delante, sentado, trata de mostrarse imperturbable. Yo ya no aguanto y me acerco un poco. Se da cuenta. No puedo ver completamente su ángulo izquierdo, me deja dudas, así es que me acerco todavía más para lograrlo, incluso me inclino un poco (siempre con disimulo) y ya está ¡Es tremendo! o se parece demasiado o efectivamente es Placido Domingo. Me quiero sentar a su lado. Lo hago. El tipo se apega contra la pared de metro (porque, dicho sea de paso, vamos en el metro). Repentinamente se para y camina hasta la puerta que en cinco segundos se abrirá en la próxima estación. Veo que sale con rapidez. Ahora estoy pensando si acaso lo incomodé. Delante de mí se acaba de sentar Benedicto XVI.

La Vieja (Primera Parte)

A todos aquellos quienes la conocen, no necesito decirles nada y saben muy bien a que me refiero. A los que la han escuchado nombrar o han oído alguna de sus tantas historias, de seguro no paran de preguntarse ¿quién es realmente la vieja? Y por último, aquellos que aún no se enteran de La Vieja, tendrán a continuación el agrado de conocerla a través de sus historias. Así es, esto no es ni más ni menos, que un anecdotario de la Vieja, una selección de las mejores anécdotas, presenciadas por la mismísima voz que les habla (Ignacio Villablanca, de quien se puede encontrar más información en la seccion "conozca al autor") o que han sido entregadas por fuentes verificables y absolutamente directas.

Antes que todo quisiera partir introduciendo, someramente, alguna información respecto de la biografía de La Vieja. Hay algunos quienes afirman que La Vieja nació dos veces, pero creo que se trata de gente que intenta polemizar el tema. El consenso general al que hemos llegado quienes conocemos profundamente a La Vieja, es que nació en 1913, exactamente el mismo día de la proclamación de la independencia del Tibet (11 de Enero para los que no saben). Así es como hoy La Vieja goza los dulces 94.

Celebrado en el “Salón Platinuim” del Hotel Barteau, su ultimo cumpleaños desbordo de entretenimiento y de jocosas intrigas que probablemente se describirán después, aunque probablemente no.


La infancia de la Vieja transcurrió tranquilamente en Venecia, y su adolescencia se desarrollo agitadamente en Yugoslavia, hasta que en 1930 emigró a nuestro país, acompañada de sus padres: don Carlos y don Ambrosio. Llego a Chile justo el día en que Mickey Mouse debutó en las tiras cómicas (13 de enero para los que tampoco saben). Toda su vida ha transcurrido aquí desde entonces, a excepción de un viaje turístico a Normandía en la década de los 40, motivado por la intención de presenciar un famoso desembarco, acerca del cual aún sigue contando historias.



Y aquí, para que conozcan su célebre rostro...


Animales Importantes